La historia de los refranes: «Al saber lo llaman suerte»

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Telam SE


Era 1922. El científico británico Alexander Fleming se hallaba trabajando en su laboratorio. De forma ¿casual? observó que en sus cultivos había crecido un hongo que, a su vez, no dejaba desarrollarse ninguna bacteria. ¡Acababa de descubrir la penicilina!… ¡Sí, así fue! ¿Pero qué hubo detrás de ese descubrimiento? Esfuerzo, disciplina, sacrificio… Con esos dones se puede conseguir un objetivo aún mejor que lo soñado. A nadie se le ocurrió interpretar que fue una suerte que a Mr Fleming le brotara ese hongo…

Fernando Collado Rueda dice que la lengua española sufre cierto encontronazo con el término serendipia (del inglés serendipity). Se le llama serendipia al descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta… Pero, serendipia también puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento aunque no tenga relación con lo que buscaba… El amor serendipia, por ejemplo, es aquel que llega en el momento más inesperado, tiene la capacidad de flecharte y atraparte sin que estuvieras esperándolo… ¡Uia como en las películas!

Traducida a nuestro criollo, serendipia sería chiripa, carambola, ligue, y -con todo respeto a las almas sensibles presentes- culo. ¿Vieron que se dice “Este tiene un culo, siempre que juega, gana”? Por supuesto que Mirtha Legrand diría “Este tiene un tarro”… Pero no se aconseja dejarlo todo en manos de la serendipia. Es necesario disponer de un buen número de aptitudes previas, que se estructuren alrededor de una voluntad firme, para propiciar así que aparezca ese hongo salvador, como le pasó a Fleming… “Suerte loca es conservar una ilusión en tanto penar” decía el tango de García Giménez, ¿no, Polaco?…

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