El escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien se encuentra en el centro de una controversia tras las acusaciones de plagio y el supuesto uso de inteligencia artificial en su novela C’était ça ou mourir, publicada por la editorial Grasset en Francia. En un comunicado enviado a la Agencia France-Presse, Orélien negó que “ninguna frase” de su obra haya sido creada por una máquina, aunque se disculpó por las irregularidades detectadas en su trabajo.
La polémica se desató cuando un usuario de la red social X (anteriormente conocida como Twitter) acusó a Orélien de haber escrito la novela casi en su totalidad con asistencia de IA. Esta denuncia provocó que la Academia Goncourt excluyera la obra de su lista de semifinalistas para el prestigioso premio literario, que se entregará el 3 de noviembre. Sin embargo, Orélien sigue en carrera por el Premio Renaudot, donde su novela permanece entre las semifinalistas.
En su defensa, Orélien aseguró que “C’était ça ou mourir” es una creación personal que refleja sus experiencias y las de otros migrantes, afirmando que comenzó a escribirla en 2017 y finalizó el primer borrador en 2019. A pesar de sus afirmaciones, no presentó pruebas que respalden su declaración de que la obra fue escrita sin asistencia tecnológica.
Además, el autor reconoció haber cometido “errores inaceptables” al plagiar textos de otros autores, incluyendo un poema de la célebre poeta cubana Dulce María Loynaz. Orélien expresó su arrepentimiento, señalando que su juventud y la admiración por otros escritores no justifican su conducta. “Lo lamento profundamente y ofrezco mis más sinceras disculpas”, concluyó.
La controversia ha generado un intenso debate en el ámbito literario sobre el impacto de la inteligencia artificial en la creación literaria. Autores y lectores han defendido a Orélien en redes sociales, argumentando que las herramientas de detección de uso de IA no son infalibles. A pesar de la controversia, la novela ha tenido una buena recepción comercial, vendiendo casi cien mil ejemplares hasta la fecha.
Fuente: La Nación




