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15 septiembre 2026, 3:40 am

El acoso escolar en la infancia: un problema que comienza en casa y se perpetúa en la escuela

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El acoso escolar no es un fenómeno exclusivo de los niveles superiores de la educación. Jardines de infantes y los primeros años de primaria también enfrentan este desafío. Cuando se habla de bullying, no todas las peleas entre niños deben ser clasificadas como tal; sin embargo, la repetición de burlas, exclusiones y agresiones hacia un mismo niño exige un análisis más profundo de lo que se está enseñando y tolerando tanto en el hogar como en la institución educativa.

Según un estudio longitudinal, el 4,2% de 577 preescolares mostró señales persistentes de victimización a los 4-5 años. Además, un 61,6% de las escuelas primarias reportó problemas de convivencia relacionados con peleas, insultos o burlas, de acuerdo con datos de Aprender 2024. Un metaanálisis que incluyó a 162.203 niños y adolescentes reveló que los estilos de crianza negativos están vinculados a un aumento en los casos de bullying. Esto indica que los patrones de hostigamiento y victimización pueden comenzar en la educación inicial y mantenerse con el tiempo.

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Aún a tan temprana edad, los niños están en proceso de desarrollar habilidades como la autorregulación y la empatía. Por ello, se debe tener cuidado al etiquetar a un niño como “acosador”. No obstante, es fundamental intervenir antes de que el problema se agrave en grados superiores. La prepotencia, efectivamente, puede ser aprendida. Los niños observan el comportamiento de los adultos en su entorno y absorben lecciones sobre cómo manejar conflictos y relaciones interpersonales.

Unicef reporta que el 59,6% de los niños de 1 a 14 años ha experimentado métodos de crianza violentos, incluyendo agresiones verbales y castigos físicos. La violencia psicológica afecta a casi la mitad de la infancia, según la encuesta MICS. Aunque esto no garantiza que esos niños se conviertan en agresores, sí evidencia la normalización de modelos de conducta basados en la humillación y el abuso de poder.

Las escuelas tienen un papel crucial en la identificación y prevención del acoso. Un 61,6% de las escuelas encuestadas reportaron problemas de convivencia, lo que subraya que el acoso puede estar presente desde los primeros grados. La intervención temprana es esencial; si cada incidente se trata como un evento aislado, el patrón de comportamiento puede pasar desapercibido para los adultos.

Ante conductas repetidas, las escuelas deben seguir un protocolo claro: proteger a la víctima, registrar los incidentes, escuchar a todas las partes involucradas, convocar a las familias y, sobre todo, intervenir en el comportamiento del niño agresor mediante límites claros y educación en empatía y autorregulación. Es fundamental también considerar la dinámica del grupo, ya que los espectadores pueden reforzar la agresión.

La Ley 26.892 establece bases para prevenir e intervenir en la conflictividad en todos los niveles educativos, enfatizando la importancia de promover una convivencia sin violencia. A pesar de esto, no basta con declaraciones de intenciones; se requiere un compromiso activo de las instituciones educativas para abordar el acoso de manera efectiva y no dejarlo como una mera anécdota.

Los niños de cinco o seis años tienen aún una gran oportunidad de aprendizaje. Es responsabilidad de los adultos dejar claro que humillar o amenazar no es aceptable. La intervención precoz no solo protege a quienes sufren, sino que también evita que la prepotencia se convierta en una estrategia social habitual. La cuestión no es simplemente asignar culpas, sino reflexionar sobre qué enseñanzas se están promoviendo y qué acciones se están tomando para erradicar el acoso.

Fuente: La Nación

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