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3 noviembre 2026, 2:10 pm

Exdetenidos regresan a prisión para guiar a otros en su rehabilitación

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Juan Pablo Ortega es un exdetenido que, tras pasar 12 años en prisión, ahora se ha convertido en un apoyo fundamental para otros jóvenes que enfrentan el mismo desafío que él superó. A través del Hogar de Cristo, una organización dedicada a asistir a personas en situación de vulnerabilidad, Ortega comparte su historia y ayuda a otros a encontrar un camino hacia la recuperación.

La iniciativa se lleva a cabo en la Unidad 43 de La Matanza, donde se inauguró el primer centro de día dentro de una cárcel, conocido como “Papa Francisco”. Este espacio busca replicar el modelo de acompañamiento que el Hogar de Cristo realiza en los barrios, enfocado en la escucha y el apoyo a quienes han atravesado problemas de consumo.

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“Que nadie quede tirado”, es el lema que adorna una de las paredes del centro, reflejando la filosofía de la organización. Con un enfoque integral, se ofrecen talleres de educación, espiritualidad, y actividades recreativas, además de atención profesional para abordar las adicciones.

Pablo Vidal, coordinador de Desarrollo Humano Integral de Cáritas Argentina, destaca la importancia de este programa, afirmando que es esencial ofrecer a los internos herramientas para que, al finalizar su condena, puedan visualizar un futuro distinto. El Hogar de Cristo promueve un entorno de contención y apoyo que facilita la reconstrucción de vínculos familiares y la reintegración social.

Desde su apertura en agosto, el centro ha crecido de tres a 60 participantes. Jonathan Bernal, otro exdetenido que se une a esta causa, comparte su experiencia: “Hasta la cárcel me sigue”. A pesar de las dificultades personales que ha enfrentado, Bernal ha encontrado en el Hogar de Cristo una forma de superación y un espacio para apoyar a otros.

Ortega y sus compañeros, que han vivido experiencias similares, regresan a la prisión no solo para ayudar, sino también para recordar y compartir el apoyo que ellos recibieron en su momento. Chicago, otro exdetenido, expresa su compromiso: “Sigo aquí porque me hace bien. Con la adicción vamos a convivir toda la vida, pero hoy estamos del otro lado, ayudando a los que más necesitan.”

A pesar de los desafíos que enfrentan en sus comunidades, los exdetenidos trabajan juntos para brindar apoyo y esperanza a los nuevos internos. Identifican el consumo de paco como uno de los principales problemas en sus barrios, y comparten su deseo de que los jóvenes que asisten al centro puedan encontrar un camino hacia un futuro más positivo.

La historia de estos exdetenidos que regresan a ayudar a otros es un testimonio del poder de la comunidad y la importancia de la empatía en el proceso de rehabilitación.

Fuente: La Nación

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