En el mundo del cine, existe una notable distancia entre el vibrante Technicolor de clásicos como Los viajes de Ulises (1954) y la reciente Odisea de Nolan, marcada por una estética agrisada y sombría. Este cambio en la paleta de colores ha sido objeto de análisis por parte del periodista español Ianko López, quien señala que el cine «serio» tiende a oscurecerse cada vez más.
López sugiere que, en esta nueva tendencia, a mayor color se le otorga menor importancia. Las producciones más coloridas parecen relegadas a un público infantil o a temáticas queer, donde figuras como Barbie y Almodóvar destacan. Este fenómeno ha sido objeto de estudio por el académico David Batchelor, quien lo denomina «Cromofobia».
Sin embargo, este fenómeno no se limita únicamente al séptimo arte. Se observa un miedo al color que permea en diversas facetas de la vida cotidiana. Desde los automóviles actuales, predominantemente negros, blancos y grises, hasta la moda que se viste de verdes oscuros y rojos apagados, e incluso en la decoración minimalista que opta por paredes blancas.
Si se desea iniciar una rebelión cromática, esta debería ser con tonos vibrantes como el amarillo patito, el verde Nilo y el rojo pasión. Hollywood, en su trayectoria, ha sabido crear grandes obras cinematográficas llenas de color, como Lo que el viento se llevó, Dr. Zhivago y Tiburón. Sin embargo, las producciones más recientes, como Hamnet y Cumbres Borrascosas, reflejan un mensaje claro: a menor luz y riqueza cromática, mayor cercanía a los premios Oscar.
Fuente: La Nación




