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24 septiembre 2026, 4:04 pm

La Justicia revoca donación a vecinos por ingratitud: una historia de abandono y desamparo

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Una mujer de 86 años tomó la difícil decisión de donar su casa a unos vecinos, quienes habían sido sus confidentes y cuidadores durante un tiempo. Sin embargo, lo que parecía un acto de confianza se convirtió en un episodio de desamparo y abandono que culminó en una batalla legal.

La donación, realizada en 2018, se llevó a cabo cuando la mujer, identificada como Esther, decidió mudarse a un geriátrico debido a su avanzada edad y problemas de salud. Para sentirse segura de que su hogar no quedara vacío, eligió transferir la nuda propiedad de su casa a la pareja vecina, quienes se comprometieron a cuidarla y asistirla. Esta figura legal permite que el donante conserve ciertos derechos sobre la propiedad mientras que el donatario asume el usufructo.

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Tras la donación, Esther notó un cambio drástico en la conducta de sus vecinos. No la visitaban, no le proporcionaban los cuidados que necesitaba, ni siquiera cumplían con la asistencia médica que requería. La situación se agravó hasta el punto de que, después de cuatro años de abandono, una amiga de Esther decidió intervenir y la rescató del geriátrico.

Ante el deterioro de su estado de salud, Esther tomó la decisión de demandar a sus vecinos. Primero, envió una carta documento reclamando alimentos y, ante la falta de respuesta, inició un juicio para revocar la donación por ingratitud. El Código Civil y Comercial establece que se puede anular una donación si el donatario no cumple con el deber de asistencia al donante en condiciones de vulnerabilidad.

La Justicia falló a favor de Esther, considerando que sus vecinos habían actuado con ingratitud al negarse a proporcionarle la asistencia necesaria. La Cámara de Apelación en lo Civil de Dolores confirmó la revocación de la donación, argumentando que el deber moral de gratitud no fue cumplido por los donatarios.

En el fallo se destacó que la negativa de los vecinos a asistir a Esther, a pesar de su estado crítico, evidenció una conducta inaceptable. Se reiteró que la asistencia alimentaria no solo abarca lo básico, sino también el cuidado personal y la atención médica. La falta de respuesta a los reclamos de Esther y la necesidad de recurrir a la Justicia fueron considerados indicios de ingratitud.

Finalmente, Esther, ahora de 94 años, decidió hacer un testamento en el que legó su casa a la amiga que la ayudó a salir del geriátrico. La resolución del tribunal marca un importante precedente sobre los deberes que implican la recepción de una donación y las consecuencias legales de no cumplirlos.

Fuente: La Nación

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